Estados Unidos ha completado la retirada de sus tropas de Irak, concluyendo una presencia militar que duró más de 12 años. La operación, que se desarrolló de forma ordenada, incluyó la salida de las últimas unidades estadounidenses de la Base Aérea de Erbil, según un comunicado del Pentágono. Esta acción pone fin a la coalición internacional que contribuyó a la derrota del Estado Islámico en el país.
La decisión de Washington refleja un cambio en la política exterior de Estados Unidos, que ha reducido su intervención directa en Irak tras una presencia intermitente desde la invasión en 2003. Aunque el gobierno estadounidense ha destacado el éxito de la misión, la retirada también abre un nuevo periodo de incertidumbre para la región, donde la estabilidad sigue siendo un desafío.
La salida de las tropas no implica una total desvinculación del país, ya que Estados Unidos mantiene una presencia limitada en la zona. Sin embargo, la decisión deja a Irak con la responsabilidad de garantizar su propia seguridad en un contexto de tensiones políticas y conflictos internos. La retirada representa un punto de inflexión en la historia reciente del país.




























