La República Parlamentaria chilena, vigente entre 1922 y 1925, se caracterizó por una constante inestabilidad política. Según historiadores consultados por Culto, el Congreso utilizó estrategias como la rotación frecuente de ministros y el bloqueo de leyes clave para limitar el poder ejecutivo. Esta práctica, basada en costumbres políticas sin respaldo constitucional, generó un clima de caos y desestabilización del gobierno.

El sistema permitió al Congreso mantener un control significativo sobre el Presidente, dificultando la implementación de políticas nacionales. Los historiadores destacan que esta dinámica fue una característica distintiva de la época, con un impacto duradero en la estructura política chilena. La situación culminó con las reformas introducidas por el Presidente Carlos Ibañez del Campo en 1925, que pusieron fin al periodo parlamentario.

Este modelo de gobierno, aunque no formalmente establecido en la Constitución, influyó en la forma en que se concebía el poder en Chile. La inestabilidad generada por el Congreso durante este periodo se convirtió en un tema de estudio para entender la evolución de la política chilena en el siglo XX. La historia revela cómo las prácticas parlamentarias pueden alterar profundamente el equilibrio de poderes en un Estado.