Donald Trump reconoció durante un acto en la Casa Blanca que la guerra contra Irán influyó en la derrota republicana en las elecciones de mitad de mandato. Aunque no asumió responsabilidad por el resultado, afirmó que los demócratas no lo juzgarían porque, según él, esto «destruiría» al Partido Demócrata. La derrota fue histórica, con los demócratas recuperando el control de ambas cámaras del Congreso.

En el Senado, los demócratas ganaron siete escaños, incluyendo estados clave como Texas y Carolina del Norte. La nueva mayoría demócrata podría impulsar un juicio político contra Trump, algo que el presidente negó rotundamente. A pesar de la derrota, Trump no se arrepiente de sus decisiones ni de la guerra contra Irán. Durante su intervención, dedicó casi 20 minutos a defender la construcción de un salón de baile en la Casa Blanca, evitando así asumir responsabilidades por el resultado electoral.

La derrota republicana marcó un cambio significativo en el poder político de Estados Unidos. Los demócratas, que habían perdido el control del Congreso en 2020, ahora tienen mayoría en ambas cámaras. Esta situación reconfiguró las expectativas para las elecciones de 2028, donde Trump no podrá postularse por limitación constitucional. Aunque algunos analistas sugieren que el Partido Republicano podría buscar nuevos líderes, Trump sigue siendo una figura central en la política estadounidense.